domingo, 30 de marzo de 2014

DULCI




                                           Dulci, hermana de Sóli, era más independiente que él y aunque de pequeñitos jugaban sin parar, luego se fue haciendo más quisquillosa.  Ahora, cuando llevaba la iniciativa........ no había sitio donde Sóli pudiera esconderse.
                          Tuvo dos camadas. La primera fueron tres gatitos igualitos a los padres. Blancos en su totalidad. Bolitas de pelo dulces y tiernos. Luego al paso de pocos días aparecían manchitas en las orejitas u otra parte del cuerpo que marcarían el color definitivo.





            
                                            Aunque borroso se observan esos pelillos de color en cara y orejita, aún no tenían los ojos abiertos.



                                             Dulci, como todas las hembras cuidaba y mimaba a sus crías con dulce dedicación. Dos salieron a la mamá, el otro a Sóli




                        Cuando crecían les animaba a jugar y les proporcionaba un juguete. SU RABO. Tranquilamente sentada en el suelo, incluso cerrando los ojos como para relajarse, tenía el rabo en continuo movimiento, unas veces suaves, otras rápidas.  Irresistible al instinto del gatito. A medida que se hacían mayores los iba dejando cada vez más tiempo solos para que no dependieran tanto, pero vigilante desde lejos observando cada movimineto.

                        Su padre, se deleitaba en la contemplación de su familia.  Seguramente no debía estar muy de acuerdo que su pareja dejara a sus hijos solos, porque  a la menor ocasión se introducía en su caja y se quedaba allí. No jugaba con ellos, (función de la madre) pero les daba calor y compañía. Se dan casos, pero no es muy frecuente que el macho intervenga en las crías. Sólo cuando existe una estrecha compenetración en la pareja, como en éste caso.




                       La segunda camada nos sorprendió con un gatito opuesto a ellos, no se puede decir que la hembra le fuera infiel, Ja,Ja,Ja,Ja, era imposible, pero sabemos que  sí es posible en genética. Así que de cualquier forma un gatito negro en la familia fue igualmente aceptado por todos.  También fueron tres y cada uno diferente, uno blanco otro como la madre y otro.... ¿? quizá  algún abuelo.
                     Todos los gatitos de las dos camadas fueron donados a gente conocida que cuidaría de ellos como mascota preferida.



                                   Esta pareja proporcionó un episodio que JAMÁS en la vida olvidaré.  Ni que decir tiene que cuando un animal, (cualquiera) tiene una estrecha relación con el "amo" (y éste es uno de esos casos) es capaz de aprender y manifestarse a su modo para decirnos lo que desea. Otra cosa es que los humanos sepamos interpretarlo.   
                                    Normalmente por las mañanas ventilo la casa y más si hay animales por medio. Los gatos, teniendo la limpieza necesaria iban a sus anchas por todos los rincones sólo con alguna excepción. Con su afición a las alturas no hay ningún problema que se sienten arriba de la nevera o en el afeízar de las ventanas.
                                    Un día cumpliendo con la limpieza matinal del fregadero, en un silencio sólo roto por el paso del agua a través de la vajilla casi me asustó oír un ruido fuerte y seco en el patio del deslunado. Quedé un momento en silencio por ver si había conse- cuencias. Ninguna. No obstante me preparaba a dar la vuelta para asomarme a ver el motivo de aquel raro estruendo, cuando en ese mismo instante la gata la tuve a mis pies con un miau, miau, miau, miau miau, insistente y rápido. La miré:  
- ¿Qué pasa? 
- Miau, miau, miau, miau.
Terminando definitivamente de darme la vuelta, la gata echo a correr delante de mí, la seguí y el presentimiento fue instantaneo, me llevó a la habitación y ventana donde segundos antes presumiblemente se paseaba Sóli. Me asomé y un bulto blanco quedaba inerte en un espropicio de macetas. 
                       Dios mío, cinco pisos, se ha matado, pensé. Volví dispuesta a bajar al primer piso y a mitad del largo pasillo llamaron a la puerta. ¡Qué inoportuno!. 
No. Era la vecina del primero.
- Tu gato se ha caído al patio baja que yo no me atrevo a cogerlo.
- ¿?..... ¿Está  vivo?
- Sí, pero yo tengo miedo de  cogerlo.
- ¿?....... No puedo creerlo
Pensé que un animal medio muerto no inspira precisamente miedo....
En fín, se me hizo una eternidad llegar al patio. Lo vi de pie aturdido con la vista perdida. Lo llamé por su nombre:
- Soliii. - El animal me miró, dio un maullido casi sin sonido y vino hacia mí. ¡Dios mío, andaba!. Lo cogí como si fuera mantequilla, por si existía alguna herida, repitiendo su nombre y con lágrimas reprimidas por pura fuerza.
                                  La vecina fue explicándome su versión de lo ocurrido. Había roto dos macetas que quedé en reponerselas, lo cual hice días más tarde con plantas incluídas. Sólo deseaba que acabaran las explicaciones para examinar al pobre animal. El gato descansaba, desorientado pero confiado, en mis brazos desmadejado de manera poco habitual. 
                                 Cuando llegué a casa Dulci esperaba impaciente, lo dejé enseguida cuidadosamente en su cesta y la gata que me seguía se acercó, lo olió y se alejó de su lado, pero no de su vista. Yo la observé y me pareció que por su actitud era buena señal. Es como si después de su exámen me dejara a mí que hiciera el mío ¿Pero cómo saber si tenía lesiones internas? Se le veía normal, no obstante fue tal el susto (no era para menos) que casi no reaccionaba a nada, le di primero un poco de agua que rehusó, luego un poquito de leche y tampoco quiso. Lo dejé descansar acariciandole dulcemente para no tocar posibles zonas dolorosas.
                                  Milagrosamente el descanso hizo que tal vez alguna magulladura curase sin ningún problema. Era imposible que no tuviese algún dolor. Estuvo dos días enteros durmiendo.
                                  Aprendí mucho de ésta pareja.
                                  Bastante tiempo después cuando empezó a resultar  un suplicio el marcaje del macho, pensé en la plosibilidad de llevarlos a la casita de campo, donde no les faltaría el alimento porque ya iba todos los días a llevar la comida al perro. El detonante fue tener que quedar mi madre a mi cuidado. Se imponía una solución. Madre, gemelos y animales eran tres frentes de constante atención sin contar con el resto de quehaceres. Era demasiado.
                                  Así pues decidí independizarlos y los llevé a la casita. Lo malo es que quedaron en un lugar desconocido para ellos, sólos, a pesar de que iba por las tardes. Necesitaban adaptación. Debería haber coincidido con unas vacaciones para que se acostumbraran al ambiente y el entorno.
                                  No duraron más de tres días...
                                  Lloré tanto o más que por una persona. YO era la culpable YO la responsable, Yo el verdugo. Hoy día recordádolo, no puedo evitar derramar lágrimas de culpabilidad. Ojalá hubiese sabido solucionar el problema de manera distinta.
                                   A Soli lo encontre sin heridas ni rasguños. No sabemos qué le pasó. Al día siguiente Dulci, en la misma puerta, con a penas un hilillo de sangre en el morro, sin más heridas. Seguramente algún golpe de coche en la carretera, que pasa a pocos metros de la casita.
                                   Pero aprendí mucho.
. Cómo pueden comunicarse con nosotros si sabemos interpretarlos.
. Que un animal, nacido o criado en cautividad, es feliz así, si se le da libertad no sabe qué hacer con ella, no la conocen.
Por el contrario si ha nacido en libertad y se le mantiene encerrado, ese animal se estresa y padece porque no está en su medio, es posible que llegue a enfermar.
. Aprenden si les enseñas.
.  Confían en su dueño.
. Son fieles. Con alguna excepción, por experiencia propia, ya contaré. 
                                   Y otras particularidades y curiosidades que iré relatando a lo largo de éste recorrido por la numerosa vida felina que ha pasado por mi vida.
                                    Hay algunas historias tristes, pero ninguna como la que acabo de relatar, ninguna de la que me sienta tan mal al recordarla. Marcaron un antes y un después, una huella profunda. Fue la primera vez que un gato se comunicó conmigo y no supe cuidarlo debidamente. Una tristeza que me durará mientras viva.
                                   Me gustan los gatos, no lo puedo remediar. 
                                   Lo siento, voy a deshagarme un poco.
                                   Hasta pronto. 

En la próxima entrada, fotos de dos de sus hijos: Kaolin y Cokin
                                      
                                  
                                

6 comentarios:

  1. Wow que de historias.
    Me gusto leerte, fue largo, pero interesante.. Lo de los gatos me dio mucha tristeza.
    Un abrazo.

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    Respuestas
    1. Gracias Paola, el propósito de éste blog es de hablar y comentar todo lo relativo a los gatos, no pongo límite a la escritura. Gracias por tu paciencia. Besos.

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  2. Que pena !!!! y sobre todo lo siento por ti. No quiero que te sientas mal. Ya se que esto no lo vas a olvidar nunca, pero si te sirve de consuelo hiciste lo que te pareció mejor y eso te hace inocente del todo.
    Muchos ánimos !!!
    un besiko

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  3. Gracias Eva. Ya pasó, hace años.. Lo importante es que me he perdonado y ya no duele pero quiero tanto a los gatos que ese sentido de culpa no se va. Aprendí y hace que mime más a los animales que tengo. Hay más historias pero no dejaron tanta marca como ésta. Muchas gracias por asomarte a éste rincón. Besos.

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